Llevo tiempo queriendo escribir, peeero... las excusas de siempre: el tiempo, el lío, la pereza, y mi teclado piñacolado que escribe letras y número como si fuera la máquina de encriptación de la Segunda Guerra Mundial.
         En fin, que ya soy mamá, que ya he vuelto al mundo laboral, que ya entro en la talla 42 del Estrafalarius (que viene equivaliendo a la 40 de unos sitios, o a la 52 de otros... según se mire). Y digo bien "entro", lo de que me quede bien es otra cosa... Los americanos lo llaman "baby fat", que es esa barriguilla-grasilla que se te queda después de que la piel se te estire como si fuera la cinturilla del pantalón de gimnasia que te compraste talla equisextragrande para motivarte de que estabas perdiendo peso... y que ya estoy vuelta a los líos... y bebé M también (que tiene a quién salir).

       Ser mami viene siendo como un intríngulis de toma de decisiones cada minuto de cada día. Decisiones trascendentales como: me visto para llevar al nene a la guarde... o pasaré desapercibida con este pijama que es como un chándal... en realidad es un chándal viejo... Bah, seguro que más de una va en chándal (dígase "de sport" que queda mejor). Pues no, se ve que las mamis de hoy en día tienen interiorizada a la Carry Bradcho o a su amiga Charlót (la perfeccionista), porque no pillas a una mal peinada, o en pijama, o sin suje...
          Otra decisión importante es qué hacer con los minutos mañaneros:
a) sigo durmiendo
b) me levanto y me ducho antes de que se despierte el nene
c) me levanto y desayuno tranquilamente antes de que se despierte el nene, veo un poco de tele (caja negra, encima de mesita en la sala de estar)
d) me levanto, me ducho mientras como en la ducha lo que se puede y mientras bebé tiene la cortina abierta para ver a mami y decir aaaaauaaaaa mientras ve el agua de la ducha caer sobre mami, bañera, baño, bebé, alfombra, perro que pasa por allí...
          Más decisiones: ir de compras y considerar las opciones entre beautiful high heels (preciosos taconazos) y cómodos zapatos planos, aptos para correr detrás del atleta entrenando para los 100 metros vallas en categoría superbaby.
         
          Y así se pasan las horas (ráaaaapido aunque no lo parezca), persiguiendo al peque para ponerle el pañal (de pie, que sería más fácil tirar a un luchador profesional en la lona que aquí a mi colega ponerlo boca arriba para ponerle la cremita), enfocando el ojo derecho hacia un sitio y el izquierdo al otro, porque en cuanto me doy un cuarto de vuelta ya la está liando (desmontando el árbol, sacando libros, ropa, cedeses o cualquier cosa extraíble que se precio de su sitio - pronúnciese iiiitio... o directamente iiiio... del cual ya existe la cantinela io io io... aunque las cosas siguen tiradas, digo "redecoradas"), o dándole de comer al perro, tirándose encima, tirándole de las orejas, sacándolo de su sillón-cama, dejándole todos los juguetes sonoros a la altura de la cabeza, o metiéndole los friskis en el agua (que es divertido verlos inflados, recuperarlos del agua y estrujarlos en cualquier sitio de la casa que se precie). A todo ello, el pobre bola de pelos (que ya tiene muuuucho pelo blanco, canas de estrés y preocupación) se deja "querer", suspira y no dice ni guau.

          Bueno, como imaginarás no todos los días son así... Esto es sólo una tardecilla en mi casa... Eso sí, divertido es un rato. Y mi glamur, pues bueno, en standby: me maquillo mientras conduzco, me visto mientras lo persigo, no me peino (ni falta que me hace... ya se pelea la peluquera con la melena cuando le toca) y como ya te he dicho mezclo la experiencia spa con la ingesta de bocado... como en los hoteles gran lujo pero versión casera.

          Pues eso, experiencia totalmente recomendable, ya sea tener el beibi o leer el blog.

Besis navideños, findeañeros, reyeros y fiesteros.
No compréis mucho y guardadlo para vacaciones.
Geisha.

Comments (1)

On jueves, diciembre 18, 2014 , Anónimo dijo...

pobre bola de pelos