Las Señoras se maquillan, se ponen los abalorios, las vírgenes, las pulseras y los anillacos para salir de casa. Se pintan la boca, los cachetes, los ojos y hasta las cejas. Hay que resaltar que ellas no tienen labios, ellas tienen una boooca así de grande, como la de la rana del cuento). Los pómulos son un espacio comprendido entre la nariz y la oreja en modo horizontal, y entre los ojos y el mentón en modo vertical, y los ojos se los impregnan de lápiz de ojos desde la conjuntiva al párpado móvil, al inmóvil, al semimóvil, y hasta el infinito y más allá.

Las señoras llevan muchas cosas en el bolso. Más o menos, un universo paralelo... o varios: por si el sol, por si la lluvia, por si el viento, por si los mocos, por si las lágrimas, por si un accidente, por si el médico, por si un chico guapo, por si una amiga, por si el cepillo de la iglesia, por si el aparcamiento, por si está sucio, por si me dan dos,... Y también llevan muchas cosas en la cartera: semillas, monedas viejas, estampitas, fotos, documentación, cartilla del médico, dni del difunto marido, papeles con números de teléfonos apuntados de gente que no recuerdan pero que no se tiran, por si acaso, cuentas olvidadas, cuentas de collares, un pendiente solitario, un almanaque de hace algunos años (¿"no tienes un almanaque de este año? Ya no los hacen... claro, la crisis").

Las señoras son las guardianas de las historias. Las suyas y las ajenas. Saben quién. Saben dónde. Saben cuándo. Saben cómo. También saben cómo completar donde faltan datos. Esto lo saben  porque han vivido mucho, han visto mucho y han oido mucho y entonces ya saben como van todas las historias aunque no tengan las respuestas a todas las preguntas.

En la vida de todos hay una señora, y aunque no las veas, ellas sí te ven y están pendientes de tí.
Son como los ángeles.
¿O como los demonios?

Besis de señora que escribe. 
Geisha.

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