Bueno, antes de que todo el mundo se ponga melancólico a recordar cosas del año que está a punto de finalizar, yo voy a hacer mi top ten de cosas que no sabes de mí, que me inquietan o que simplemente se me pasan por el cerebro (emborrachado en azúcar y manteca, que ya he pasado mi cupo de polvorones):

1. Da igual cómo me ponga el bolso, siempre se acaba enrollando con el fular.

2. Por qué y desde cuándo los underwear (bragas) son tan caros.

3. Por qué en la peluquería siempre te dicen "te quitas la humedad y listo" y nunca queda "listo".

4. Si no como dulce puedo abstenerme, pero desde que pruebe aunque sea la punta de una cuchara, me vuelvo un híbrido entre el demonio de tazmania, triqui el "mostro" de las galletas y un vampiro.

5. Ya no me pongo vestidos de flores sin brassiere en verano (qué bonitas es la lactancia materna y qué estragos hace).

6. Tendremos nosotros la misma pinta si salimos de marcha que si nuestros padres lo hicieran? (cosas que me atormentan).

7. A veces me busco en google, y cuando me encuentro me da rabia, me parece un asalto a mi intimidad como persona humana que soy.

8. Quisiera tener otra nariz, y otra barbilla y hacerme una lipoescultura y un lifting y una cavitación... pero entre la pasta que sale, el miedo que me da y que no me gustaría nada convertirme en René Selhueguer... pues como que paso.

9. Estoy enamorada desde hace 14 meses, y no es de mi churri... y cada día más y más... 

10. Tengo un montón de ideas y una pereza suprema. O me ponéis más horas al día o seguiré igual de vaga en el 2015... y en el 2016... y en el 2017...

Bueno me voy a darle al turrón para variar.  Total de la operación biquini ya no nos salva nadie.
Besis de coco, canela, limón, chocolate y rosquete de vino.
Geisha.
PD: hazte un top ten y me lo pones... o por lo menos un top tri (3).
 
              Llevo tiempo queriendo escribir, peeero... las excusas de siempre: el tiempo, el lío, la pereza, y mi teclado piñacolado que escribe letras y número como si fuera la máquina de encriptación de la Segunda Guerra Mundial.
         En fin, que ya soy mamá, que ya he vuelto al mundo laboral, que ya entro en la talla 42 del Estrafalarius (que viene equivaliendo a la 40 de unos sitios, o a la 52 de otros... según se mire). Y digo bien "entro", lo de que me quede bien es otra cosa... Los americanos lo llaman "baby fat", que es esa barriguilla-grasilla que se te queda después de que la piel se te estire como si fuera la cinturilla del pantalón de gimnasia que te compraste talla equisextragrande para motivarte de que estabas perdiendo peso... y que ya estoy vuelta a los líos... y bebé M también (que tiene a quién salir).

       Ser mami viene siendo como un intríngulis de toma de decisiones cada minuto de cada día. Decisiones trascendentales como: me visto para llevar al nene a la guarde... o pasaré desapercibida con este pijama que es como un chándal... en realidad es un chándal viejo... Bah, seguro que más de una va en chándal (dígase "de sport" que queda mejor). Pues no, se ve que las mamis de hoy en día tienen interiorizada a la Carry Bradcho o a su amiga Charlót (la perfeccionista), porque no pillas a una mal peinada, o en pijama, o sin suje...
          Otra decisión importante es qué hacer con los minutos mañaneros:
a) sigo durmiendo
b) me levanto y me ducho antes de que se despierte el nene
c) me levanto y desayuno tranquilamente antes de que se despierte el nene, veo un poco de tele (caja negra, encima de mesita en la sala de estar)
d) me levanto, me ducho mientras como en la ducha lo que se puede y mientras bebé tiene la cortina abierta para ver a mami y decir aaaaauaaaaa mientras ve el agua de la ducha caer sobre mami, bañera, baño, bebé, alfombra, perro que pasa por allí...
          Más decisiones: ir de compras y considerar las opciones entre beautiful high heels (preciosos taconazos) y cómodos zapatos planos, aptos para correr detrás del atleta entrenando para los 100 metros vallas en categoría superbaby.
         
          Y así se pasan las horas (ráaaaapido aunque no lo parezca), persiguiendo al peque para ponerle el pañal (de pie, que sería más fácil tirar a un luchador profesional en la lona que aquí a mi colega ponerlo boca arriba para ponerle la cremita), enfocando el ojo derecho hacia un sitio y el izquierdo al otro, porque en cuanto me doy un cuarto de vuelta ya la está liando (desmontando el árbol, sacando libros, ropa, cedeses o cualquier cosa extraíble que se precio de su sitio - pronúnciese iiiitio... o directamente iiiio... del cual ya existe la cantinela io io io... aunque las cosas siguen tiradas, digo "redecoradas"), o dándole de comer al perro, tirándose encima, tirándole de las orejas, sacándolo de su sillón-cama, dejándole todos los juguetes sonoros a la altura de la cabeza, o metiéndole los friskis en el agua (que es divertido verlos inflados, recuperarlos del agua y estrujarlos en cualquier sitio de la casa que se precie). A todo ello, el pobre bola de pelos (que ya tiene muuuucho pelo blanco, canas de estrés y preocupación) se deja "querer", suspira y no dice ni guau.

          Bueno, como imaginarás no todos los días son así... Esto es sólo una tardecilla en mi casa... Eso sí, divertido es un rato. Y mi glamur, pues bueno, en standby: me maquillo mientras conduzco, me visto mientras lo persigo, no me peino (ni falta que me hace... ya se pelea la peluquera con la melena cuando le toca) y como ya te he dicho mezclo la experiencia spa con la ingesta de bocado... como en los hoteles gran lujo pero versión casera.

          Pues eso, experiencia totalmente recomendable, ya sea tener el beibi o leer el blog.

Besis navideños, findeañeros, reyeros y fiesteros.
No compréis mucho y guardadlo para vacaciones.
Geisha.