miércoles, noviembre 29, 2017

DÍA 6.

Dos trenzas y una camisa blanca.  Ni rastro de maquillaje, al contrario que ellos, con sus bandejas,  sus pajaritas y sus bigotes de betún. Cinco sonrisas de despreocupación y alegría genuinas. 
Ay, aňos de Universidad,  dónde os dejé olvidados...

miércoles, noviembre 29, 2017

DÍA 5.

A un lado, una victoria.  Todo ordenado,  colgado,  expuesto.
Al otro,  135x200 de ropa, montañas de ropa aún por guardar.
Es lo que tienen las mudanzas,  te colocan por un lado y te descolocan por el otro.

lunes, noviembre 27, 2017

DÍA 4.

Todo borroso.
Se aprecian los colores de la Navidad.  Rojo, verde, blanco... Como una bandera de felicidad en la que brillan dos sonrisas que no pueden parar.

sábado, noviembre 25, 2017

DÍA 3.

Me estoy mirando, pero sólo me veo de la cintura hacia abajo.  Me veo el pie.
Lo estoy haciendo, me he atrevido.
Bueno, él lo está haciendo.
La aguja en las manos enguantadas de negro (siempre eligen el negro... debe ser que los hace parecer más cool).
El dibujo ya está hecho; la suerte ya está echada; la tinta ya está entrando en mi piel. Una vez más. Y no será la última.

viernes, noviembre 24, 2017

DÍA 2.

De fondo una pared pintada de verde.  Pizarra lo llamaban.
De frente,  mirando al objetivo con una sonrisa que se salía de la cámara,  una pícara de ojos marrones y piel morena.
La más grande de la clase,  la más trasto,  pero también la más noble.  Siempre dispuesta a ayudar,  a organizar... Sí,  quizás un poquito mandona...
Y ese vestido rojo que nunca llegaba limpio a casa,  prueba fehaciente de que no hay nada mejor que jugar en la tierra cuando se es niňo.

jueves, noviembre 23, 2017

Reto 7 fotos, 7 días. (sin foto, sólo palabras). DÍA 1.

Mis pupilas dilatadas,  el rímel reseco resistiéndose a abandonar la punta de mis pestaňas. 
El pelo, recién cortado para la ocasión,  alborotado a pesar de mis esfuerzos por parecer decente. 
Ni rastro de maquillaje. El calor, el sudor y el paso de las horas me han dejado con una suerte de rubor y de apariencia sana, de chica del norte.
La sonrisa de oreja a oreja, igual que las ojeras,  aunque no estoy ni cansada ni sedienta,  como lo estaba hace unos minutos.
Como atuendo,  una fina bata de tela, que simplemente sirve para aparentar que se lleva algo puesto,  cuando en realidad deja acceso a lo visible y a lo invisible.
Y en mi cuello,  lo más importante,  TÚ.  Tus ojitos cerrados en llanto,  tu boca abierta buscando calor,  alimento,  cariňo, seguridad.  Tus manitos en puňo como el luchador que eres,  a pesar de ese ridículo sombrero que te hace parecer un minipitufo venido a menos. Tu cuerpo en contacto con el mío,  antes por dentro,  ahora por fuera.  Y tu piel suave,  tan suave que casi se funde con la mía. Te he cultivado durante nueve meses.  Ahora te regaré, nutriré y acompaňaré toda la vida.

miércoles, noviembre 22, 2017

No hay como.

No hay como ir de viaje.
No hay como ir de viaje y alquilar un coche para ser independiente del transporte público.
No hay como alquilar un coche y conducirlo en un entorno desconocido,  sin GPS, que se te haga de noche entre montañas, que  no haya casas ni coches cerca,  ni cobertura y que la única emisora que pille la antena de la radio del coche sea Radio María.
No hay como estar conduciendo  (sola) un coche de alquiler,  en un lugar perdido de dios (cualquiera de ellos),  de noche cerrada de 6 de la tarde de invierno,  sin luz natural ni artificial de ningún tipo, más que las largas,  las antiniebla y las de freno de tu coche de alquiler (todas a la vez) y que de repente,  de la nada, después de estar escuchando ruido blanco ("sssshhhhh", el que hace la radio cuando no pilla nada,  o el que hacía el espíritu de Poltergeist cuando llamaba a la niña desde la tele... "Sssshhhhh Carolain")...y que de repente te salten los de la Radio Maria de los "cuyons", en grupo,  con sus cánticos y sus voces tétricas y diciendo "ahora y en la hora de nuestra muerte".
Insisto.  No hay nada como eso.

jueves, febrero 16, 2017

Algo se muere en el alma

Qué egoísta es la tristeza, que nos hace pensar más en nosotros que en ningún otro.

Qué egoísta,  que el que se va y nos deja,  nos deja tristes y solos,  con un palmo de narices y pensando en qué hemos hecho mal para merecer este abandono.

Qué egoísta,  que primero pensamos en nosotros,  en qué vamos a hacer ahora,  y después ya se nos va ocurriendo en a quiénes más deja atrás esa luz que antes iluminaba y ahora solo deja sombras.

Aunque esa parte es un poco hipócrita,  la de "no somos nadie",  "a vivir, que son dos días", "qué injusticia",  "te acompaño en el sentimiento", "descanse en paz"...

¡Pues no!

¡No te acompaño en el sentimiento!  El sentimiento es mío y es de tristeza, de vacío,  de incertidumbre, de rareza, de incredulidad...

¡Sí somos alguien! Y lo injusto no es que nos vayamos,  eso es "ley de vida"  ya sea de uno u otro modo.  Lo injusto es que  sabiendo lo que va a suceder,  no le saquemos más partido a esta vida nuestra a la que sólo le damos migajas de lo que podría ser,  con la promesa de que algo bueno llegará mientras pasamos apenas tiempo con los nuestros,  con nosotros mismos, y repetimos día a día las mismas rutinas que consumen los pocos minutos de vida que nos quedan.
Y lo injusto es, que maňana seguiremos igual,  porque no conocemos otra cosa,  ni tampoco es que nos podamos permitir mucho más.

Así que,  en esta vida de esclavos,  me aferro a mi tristeza,  a mis ojos que lloran hacia dentro,  a mi corazón acongojado, a mis recuerdos bonitos,  a mis "gracias por haberte cruzado en mi vida".  Aunque apenas fueras una conocida,  dejaste huella en nosotros y,  sin quererlo/pretenderlo /forzarlo, nos marcaste un rumbo,  el del cariňo y el respeto a nuestros hijos.

Gracias. 
Espero que tu viaje haya sido bonito y que en tu nuevo destino ilumines con esa luz tan maravillosa nuevos caminos de cosas muy buenas.

Gracias por los conocimientos y el cariňo.
Gracias por compartir anécdotas.  Incluso las de los indios vagos. Especialmente las de los indios vagos.
Gracias por responder siempre,  a cualquier hora y a cualquier cosa. 
Gracias y buen viaje.

Como dirían los mexicanos, "que te vaya bonito". 

Un abrazo fuerte para ti,  y otro para los que nos quedamos lamentándonos de nuestra mala suerte por haberte perdido. 

Pero te diré un secreto: estamos muy contentos de haberte conocido.