Ayer fui a votar. 
Ayer fui a votar, y no sólo por un deber cívico o un derecho constitucional. Ayer fui a votar por un deber genérico: el de hacer algo que muchas mujeres en el mundo no pueden; el de honrar a aquellas mujeres que mueren por querer aprender a leer; el de honorar a todas aquellas que sufrieron física, psicológica y socialmente por pedir un derecho que hoy menoscabamos con frases tan estúpidas como "a mí no me va la política". 
Ayer fui a votar por ellas; fui por mí, y también fui por mi pequeño M, porque no crezca en un entorno, sociedad, mundo en el que pasar de las cosas es una forma de solución. Porque cuando vaya al cole y vea cómo alguien acosa a otro niño, no pase del tema (otra frase estúpida de los padres, madres y demás habitantes de esta sociedad insulsa "mientras no me toque a mí"); porque cuando a alguien se le caigan los libros en la Uni, o la bolsa de la compra en la calle, no pase al lado indiferente, sino que sea de los que ofrecen las manos para ayudar.
Y ayer fui a votar porque quería que las cosas cambiaran ya, porque a pesar de que "no me va la política", "ni me ha tocado a mí" ya estoy un poco-bastante-muy harta de ver que los niños de una familia humilde tengan que dormir en un albergue/casa de familiares/calle, mientras otros se compran la undécima casa y renuevan la duodécima; de que ésta sea la generación de los niños desnutridos (con padres con carrera, eso sí), de ojos tristes y hambrientos, mientras el personaje de turno (político o eclesiástico) tiene la barriga redonda y el bigote sucio de gula (eso sí, para la foto "todos a una"); de que en la guardería nos pidan que llevemos juguetes, porque no habrá Reyes para todos los niños, mientras en la calle los coches de lujo son el día a día.  Ayer fui a votar, no por los desahucios, ni la corrupción, ni los imputados, ni los papeles destruidos, ni las manos largas, ni las tarjetas black, ni los vuelos en primera, ni las putas de Madrid, ni la coca de Ibiza, ni el "usted sabe quién soy yo", ni el enchufismo, ni las estrellas michelín made in la basura del súper, ni la sanidad insana, ni los bancos usureros, ni los impuestos de cultura, ni todas esas cosas feas con las que nos bombardean tanto cada día que ya ni nos van ni nos vienen; ayer fui a votar por los niños, porque ellos no pueden votar y exigir su casa, su comida, su médico, sus estudios , sus ahorros...
Yo ayer fui a votar, y la verdad es que esperaba un cambio mayor, más drástico... pero después de pensarlo un rato, he llegado a la conclusión de que la culpa es mía por no haber ido a votar antes.
Espero que aún estemos a tiempo.
Besis de campaña postelectoral.
Geisha.