Dobles vidas,
mujeres gimiendo como locas mientras sus maridos aún no han llegado a casa,
marcas de nacimiento maquilladas hasta la inexistencia,
tatuajes borrados a fuerza de frotar,
sonrisas pintadas sobre un velo de tristeza,
lágrimas ocultas tras una mirada socarrona,
cien ojos detrás de las cortinas y uno más detrás de la cerradura,
personalidades desgastadas de tanto usarlas,
y el amor verdadero en la esquina diciendo "adiós, hasta mañana, conduce con cuidado, no pienses que te has ido, sino que ya estás llegando de nuevo a mí".
No es nada difícil meter la pata día a día, el quid de la cuestión está más bien en todo lo contrario. Por ejemplo, no es lo mismo decir que guapa estás, te has afeitado el bigote, que decir "tienes la piel superluminosa".
Y esto viene a cuento de que yo soy la típica metepatas semiprofesional a tiempo completo, y aunque lo intento (telojuroporesnupi) acabo delatándome en un momento u otro. Como el día que fui con mi amiga Maripuri que iba a comprarse unos pantalones, y cuando salió del probador cual morcilla de Burgos y me dijo que se veía bien, sexy, el ataque de risa provocó "un cese temporal" de nuestra amistad. O el día que Borjita decidió apuntarse a hacer deporte (el pobre es más bien de hueso visto) y después de 2 semanas "ya se notaba" los biceps. A mi comentario de que sus biceps eran más bien escurridizos, Borjita se dio media vuelta y se fue todo ofuscado. Volví a verlo durante 5 minutos tres semanas después, justo lo que tardé en decirle que era de frente huidiza, ideas claras, mente abierta o similar y que dejara de gastarse el dinero en la farmacia, que lo estaban engañando!
Pero es que no meter la pata es harto difícil, así que te voy a dar unas claves (basadas en la experiencia, hazme caso): Qué le dices a tu amiga que opinas acerca del crápula de su novio? Que no te ha dado tiempo a conocerlo bien.
Qué se le dice a un novio de un regalo que no te gusta? Que no es tu estilo (y sutilmente, que si tiene el ticket).
A tu amiga/madre/suegra de su comida? Que tiene buena pinta pero que no te apetece/estás llena/estás a dieta o también tienes la opción de comértela y callar para siempre.
A tu prima de su trabajo de M. del que está super-orgullosa? "Ah, qué bien/guay"...
Si el chico es simpático, suele ser feo/guarrete/tarado
Si es guapo y está soltero: uf, malo
Si la casa es amplia y luminosa: es un loft (estudio pequeño en pijo)
Si te queda su-per-bien, quítatelo (si te lo dice la de la tienda, directamente abandona el lugar)
Si tienes culo p'agarrar, tu culo está gordo.  Ante la avalancha de comentarios... añado un extra: Si tienes culo p'a agarrar es que estoy pensando en cosas (buenas) con él. Y si no tienes culo p'agarrar, es que tu culo está huesudo, implosionado, culo-carpeta...
Si estás hermosa/saludable/lozana, estás gorda. 
Si estás más guapa con lentillas, con gafas estás fea.
Si te dicen, "perdona que te interrumpa, pero tengo algo de prisa", eres un "pesao".
Si te quieren como un amigo/hermano, no te quieren pa'nada.
Si te dicen "me lo pensaré", es que no.
Si el pelo te quedaaaa raro o me tengo que acostumbrar, te queda mal.
Y si tienes la piel super-superluminosa, definitivamente estás más guapa sin el bigote.
Contrariamente a la creencia popular, los cuentos de princesas sí existen hoy en día, sólo que en lugar de tratarse de una linda joven de cabellos dorados como el sol y una piel de alabastro, tendríamos a Paris Hilton: rubia de bote, con mechas de 200 euracos y piel conservada con esperma de ballena, o en mi caso, una Megan Fox...ejem, he dicho que es un cuento.
Los zapatitos de cristal no serían otros que unos buenos Jimmy Choo's, Manolo's o Louboutin's, conjuntados con un Birkin de Hermés o un 2.55 de Chanel, o un Fendy, ...
Los harapos convertidos en traje de fiesta, serían seguramente un vestido de noche de Elie Saab, un vintage de Dior, un Armani privée... (llegados a este punto, tengo los pelos como escarpias de la emoción)
La carroza un fabuloso Mini Cooper, pequeño y manejable a la par que elegante y potente; o ya puestos a pedir, un Mercedes Clase A, no?
Por supuesto que el hada madrina sería un estilista profesional, del tipo de los que hacen parecer a la P un As de la moda y del "glamorous fashion style and way of life".
¿Y el príncipe? Mi príncipe sería un George Clooney pero con un cuerpazo de muerte (oye, que éste es mi cuento y me pido lo que quiera!). No, no, no, un Hugh Jackman con el tipazo que sacó en Lobezno, ñaaaaam!!!
¿Qué me faltaría en mi maravillosa historia de princesita de cuento? ¿Vivir felices y comer perdices? Mira, por ahí sí que no paso, que las ratas voladoras me dan mucho asco y además para ser feliz, ¿quién necesita a un hombre teniendo una visa-mastercard-oro-platino-dorado?

Definitivamente hay cosas más importantes en la vida que los días negros.
Están los días azules, en que te levantas como levitando y todo el día pasa como si el mundo entero se hubiera tomado una sobredosis de relajantes musculares y flotaran en una nube psicotrópica adorable. Me encantan estos días en que todo el mundo te sonríe, te saluda, te ayuda y eres capaz de decirle a cualquiera que tiene la cremallera bajada o la falda descolocada, y te miran con cara de agradecimiento-guión-sonrojo-guión-sonrisa y te dan las gracias.

Los días verdes son para mí esos en que te sientes deportista, naturalista, mentalista, comunista y medio-masoquista, y te reúnes con la gente para ir al monte, o te coges la bici y te pegas esos palizones que te dejan con agujetas durante 2 días, pero satisfecha por tu esfuerzo aerodinámico durante 1 ó 2 meses (lo que tardas en volver a coger la bici, patines, botas de pateo, ...whatever suits you)

Los días amarillos son los de enfermedad. Cuando tu cuerpo adquiere esa tonalidad mostácea por falta de sol y exceso de mocos. La casa está llena de kleenex, vasos de agua por todos lados y envoltorios de medicamentos varios distribuidos principalmente al lado del sillón y al lado de la cama.

Los días rojos no están nada mal. Son los días calientes, los de apetencia sexual, los del calentón en la encimera de la cocina o en el suelo del baño o donde quiera que te pille/apetezca satisfacer ese ardor y esa sed que sólo los días carmesí tienen.

Los días blancos suelen ser los domingos (como los días verdes). Son los días después de una juerga, cuando te has quedado sin energía corporal ni mental y te conviertes en un vegetal tipo planta carnívora: dormir y comer.

Los días naranjas son los del estrés: estrés de exámenes, estrés de trabajo, estrés de familia!!! Yo no estoy estresado!!!!! Me dan ganas de chillar o de comerme a alguien o de comerme a alguien que chilla, o chillar mientras me como cualquier cosa que no se mueva, o...

Pero los días negros son como agujeros de vacío, que te succionan sin preguntar, sin darte tiempo a reaccionar, sin tener en cuenta nada ni a nadie. No me gustan nada los días negros, me dejan el alma negra, la mirada vacía, el cuerpo exhausto. Para colmo, los días negros son muy contagiosos, son como un virus diario, que ataca a los demás días y los oscurece convirtiéndolos en negros, aunque se trate del más azul de los días, el día en el que la gente que te quiere, te quiere más todavía o en el que el regalo que esperabas es aún mejor de lo que imaginabas. En los días negros no te importa nada ni nadie, sólo sumergirte en la negrura, cabeza abajo, hasta que te envuelve totalmente y no te deja ver, reaccionar, ni sentir. Odio los días negros, que me convierten en una extraña, un ser anónimo pasivo-agresivo que no es nadie sino lo peor de mí: el vacío.

Por eso hoy he decidido luchar por mis días azules, rojos, verdes, blancos, incluso los amarillos y los naranjas. He decidido que hay cosas más importantes en la vida que hacer la semana-pijama, la extraña del mes o el año de no tener influencia sobre mi propia vida, y la decisión más importante del día es que le he dado vacaciones indefinidas a mi extraña particular. Adiós Extraña!!!
Ya lo decían las abuelas, que cuando llueve, llueve sobre mojado; que tropezarás dos veces con la misma piedra y que a quien no madruga, d(D)ios no le ayuda.
Y después de la semana, el mes, el año que estoy teniendo, doy fé de que alguien me está poniendo la pierna encima para que no levante cabeza...
Siento que estoy entrando en un pozo oscuro de soledad y desesperación, de incomprensión y culpabilidad. Estoy desubicada de mi lugar en el mundo, de mis decisiones anticipadas y de los "lo que pude haber hecho y no hice".
Me noto cansada, apática, a ratos frenética para borrar lo que se me viene encima: el tiempo, la impotencia, la duda de que algo no va bien... ¿yo? Hasta ahora me había ido bien...quizá me estaba engañando, o quizá ya estoy harta de luchar contracorriente y deba dejar que se aprovechen de mí los de siempre, los que tienen el poder y la última palabra.
A lo mejor podría emigrar y empezar de nuevo, pero quién me garantiza que volveré y que lo que dejo atrás estará aquí.
Estoy cansada de vivir la vida pensando en lo que hice, lo hecho hecho está y hecho se queda. Habrían sido las cosas diferentes si las decisiones hubieran sido otras? O habría acabado indefectiblemente en el mismo punto en el que me encuentro?
Dicen que cuando las cosas se hacen de rogar es una prueba del destino, se hacen merecer, hacen que la espera merezca la pena. Pero la espera me está consumiendo...ya no me queda casi vida que invertir... Espero que cuando el oxígeno y la luz lleguen, no sea demasiado tarde para mí.
Hay gente que huele a dulce, a golosina, a galletas.
Los hay que huelen a sobaco sucio peludo (aunque sea una jovencita mona y atractiva, tintada, mechada, maquillada y estereotipada).
Los que cuando les preguntas qué llevan puesto te dicen que así es su olor corporal (¿de verdad?) 
o los que te "atufan" a perfumoncio barato-cheap de esos que te cortan la respiración (pero porque te está dando un ataque de asma que te va a dejar mustio y con las cejas rubias).
También me gustan algunos olores de la semana, en concreto el domingo (a limpio, a frío, a periódico y "cruasanes" calentitos, café recién hecho, la camita que te llama). El olor del lunes no me gusta nada...
Me gusta el olor que se queda después de haber limpiado, el del suavizante de la ropa, el del bizcocho cuando está casi listo.
Por el contrario, me disgustan el olor de la gasolina, del barniz, la pintura o el pegamento, ni tampoco me encuentro entre ese grupito que le guste el olor de sus pedillos en el coche o mientras estudian, ejem!
Me encanta el olor de su cuello. Me quedaría a vivir ahí mismo sin dudarlo un instante.

Ahora... huele a quemado...¡ay mi madre, la plancha!