Eloísa soñaba despierta y dormía con los ojos abiertos. Su sueño era el de una joven de la época: conocer a un buen hombre, casarse, tener hijos, que éstos le dieran nietos y vivir una vida plena y feliz.
Eloísa dormía con los ojos abiertos porque sus párpados no eran lo suficientemente grandes para taparle los ojos. Por ello no podía dormir bien y llevaba acumulando cansancio desde que era niña, al tiempo que este defecto le impedía soñar mientras dormía.
Quizá sea esa la razón por la que sus sueños no se cumplieron jamás.

Marta fue una hija muy deseada por sus padres. Bueno, en realidad por su madre, a su padre le daba igual todo. Desafortunadamente Baptiste fue un hombre condicionado por su tiempo, por su familia y por sus circunstancias. Si hubiera vivido en estos tiempos, puede que hubiera sido feliz, o al menos lo habría intentado; pero el destino quiso que las cosas fueran complicadas para él, lo que desde un principio sólo fue capaz de afrontar desde un punto de vista etílico, insensible y arreactivo.


Jon no fue un hijo deseado, fue una burla de la mala suerte y sin embargo acabó por convertirse en los brazos, piernas y ojos de su madre, en la conciencia de su hermana, en el punto de unión de tantas desgracias que hacían que uno se planteara si era él el causante o si gracias a su presencia se evitaba una catástrofe mayor.
La vida de Jon era una vida sin amor, y a pesar de esa carencia, él tenía tanto amor que dar, que a veces dolía estar cerca de él. A veces provocaba una sensación como de estar robando el aire de las personas que estaban a su alrededor, sacando la vida de los pulmones por aspiración indirecta.
El mayor sueño de Jon era el de encontrar el amor de su vida. Con ella tendría una vida perfecta; formarían una familia perfecta, tendrían unos hijos perfectos y vivirían de su trabajo perfecto.

El sueño de Marta era muy diferente. Marta soñaba con irse lejos de allí, de aquella gentuza, de aquella inmundicia, y nunca mirar atrás. El sueño de Marta era pertenecer a otra estirpe social. A veces soñaba con que mataba a su familia, los descuartizaba en la bañera y se deshacía de los trozos tirándolos poco a poco en distintos contenedores de la ciudad. Por ejemplo, alquilaría un coche y los distribuiría de madrugada, justo después de que pasaran los de la basura, después dejaría el coche abandonado en cualquier calle, con las llaves puestas para que lo robaran, cogería un bus y se iría al aeropuerto, desde donde despegaría a su nueva vida.También existía la posibilidad de disolverlos con algún ácido... Tendría que estudiarlo en clase de química...

Baptiste ya no soñaba. Hacía muchos años que se había ido del lado de su mujer y su hija, también echaría de menos al bastardo. Aunque no le tenía el menor aprecio, él le había dado la excusa perfecta para poder al fin huir de una vida impuesta, indeseada y corrompida por las apariencias y las falsas moralidades. En eso su hija se parecía a él, los dos querían salir de aquella casa cuanto antes, sólo que él ya lo había logrado.
- Aún recuerdo el primer día que caminé. Recuerdo mirar hacia abajo, verme las piernecillas regordetas con aquellos zapatos rojos herencia de mi hermana y trastabillear hasta mi madre. Bueno, en realidad el trastabilleo duró 3 pasos; lo siguiente fue darme con la barbilla en la mesita de la tele y de ahí ir corriendo al ambulatorio a que me dieran dos puntos en la barbilla. También recuerdo el calor de los pechos de mi madre acunándome para que dejara de llorar. Esa blandura que me envolvía cuando me abrazaba. Y ya está, ya no tengo más recuerdos buenos. Lo demás es una copia de un día que empezó hace años.

- No te creo. Seguro que en 16 años han pasado más cosas que sean dignas de recordarse, que tengan un hueco en tu corazón.

- No. Mi padre nos dejó cuando yo tenía 2 años y mi hermana 5 y desde entonces hemos ido sobreviviendo como hemos podido. Mi hermana cree que todavía tenemos la pensión de mi abuela, pero la verdad es que si no fuera por mi madre...

- ¿Entonces ella no lo sabe?

- No. Marta cree que se va a hacer guardias al hospital unas veces y otras que cuida de una señora mayor. Pero no le digas nada, la destrozaría. Las cosas ya están bastante mal como están ahora. Estamos a punto de perderla para siempre, y si ella se va...

- No, Eloísa no lo soportaría. No después de todo lo que ha pasado. Pero, por favor, sigue contándome qué pasó para que tu padre se fuera...
"Mi madre no me entiende. No quiere entenderme. ¿Cómo se supone que voy a ir a clase mañana? Las chicas ya han visto toda mi ropa! Pensarán que soy una cualquiera, ... una...una pobre! Creo que en realidad mi madre no me quiere. Seguro que soy adoptada (ojalá). ¿Y encima por qué me tiene que acompañar el imbécil retardado antisocial? Definitivamente odio esta familia! Si no consigo el dinero para esa chaqueta me quiero morir! ¿Me estás escuchando vieja loca? ¡Que me quiero morir! ¡Que no me dejas vivir, me asfixias con tus lloriqueos y tus quejas de fin de mes!"
De padres adinerados y cultura medio-alta, Eloísa no conocía la pobreza, la ignorancia ni la necesidad. Su adolescencia la pasó entre clases de piano y costura, para después ingresar en la Escuela de Enfermería, una profesión digna, y en la que a buen seguro encontraría marido entre los médicos que trabajarían con ella. Que fuera guapo no era lo importante. Un buen marido debería ser honrado y trabajador. Del resto se encargaría la mujer, pues ésta era su función.
- Eres un bastardo, ¿qué es lo que quieres de mí?
- Sólo que me quieras, no es mucho pedir, ¿verdad?
- A ver si lo entiendes a la primera... sólo porque soltara mis deshechos en el contenedor de tu madre no quiere decir que quisiera un hijo ahora ni entonces. ¡No es mi culpa que fuera la que lo tenía más abierto de todo el barrio!

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Bsis
Geisha
2 terrones de azúcar,
fotos de cuando era pequeña (robadas del álbum familiar),
fotos de mi etapa chunga adolescente (desde permanente a pelo quemado por el sol, pasando por el típico corte "tazón"),
un reloj que lleva bastante tiempo sin funcionar (ya no recuerdo si alguna vez lo hizo),
unos pendientes que me regaló alguien a quien no quiero recordar (¿los quiere alguien?),
todos los pasaportes que he denunciado por extravío en la comisaría para no tener que entregarlos cuando sacaba uno nuevo,
la carta que me mandaste aquél cumpleaños que no pudimos pasar juntos,
la tapa y el muelle de un bolígrafo, pero ni rastro de la tinta, ...
Todo esto lo encontré buscando cualquier otra cosa, en un lugar donde ni me acordaba que había puesto estos trocitos de mi vida.
¿Y tú? ¿Qué hay en tu cajón desastre?