- Aún recuerdo el primer día que caminé. Recuerdo mirar hacia abajo, verme las piernecillas regordetas con aquellos zapatos rojos herencia de mi hermana y trastabillear hasta mi madre. Bueno, en realidad el trastabilleo duró 3 pasos; lo siguiente fue darme con la barbilla en la mesita de la tele y de ahí ir corriendo al ambulatorio a que me dieran dos puntos en la barbilla. También recuerdo el calor de los pechos de mi madre acunándome para que dejara de llorar. Esa blandura que me envolvía cuando me abrazaba. Y ya está, ya no tengo más recuerdos buenos. Lo demás es una copia de un día que empezó hace años.

- No te creo. Seguro que en 16 años han pasado más cosas que sean dignas de recordarse, que tengan un hueco en tu corazón.

- No. Mi padre nos dejó cuando yo tenía 2 años y mi hermana 5 y desde entonces hemos ido sobreviviendo como hemos podido. Mi hermana cree que todavía tenemos la pensión de mi abuela, pero la verdad es que si no fuera por mi madre...

- ¿Entonces ella no lo sabe?

- No. Marta cree que se va a hacer guardias al hospital unas veces y otras que cuida de una señora mayor. Pero no le digas nada, la destrozaría. Las cosas ya están bastante mal como están ahora. Estamos a punto de perderla para siempre, y si ella se va...

- No, Eloísa no lo soportaría. No después de todo lo que ha pasado. Pero, por favor, sigue contándome qué pasó para que tu padre se fuera...

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