Titiriti Titiriti Titiriti Tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Odio el sonido del despertador, nunca trae nada bueno. Siempre toca despertarse para cumplir alguna obligación.
Sobre todo hoy, me quedan 24 horas para meterme entre pecho y espalda (o mejor dicho entre los lóbulos frontal y occipital) 357 páginas de conocimiento, así que será mejor que me tire de la cama ya...
Ducha + cepillado de dientes simultáneo.
De vestir: pijama, el uniforme de los estudiantes de septiembre (prohibido salir a la calle si no es a por víveres).
Desayuno: café y un paquete de cigarrillos (debería haber alguna galleta por aquí, pero debe estar perdida entre tantos apuntes).
Banda sonora: la tele de fondo. No puedo estudiar con silencio absoluto...me distrae. 
Me siento. Mejor dicho, me revuelvo en el asiento, esta muela me está matando... A ver qué hay en la tele...
Sigo sentada, llego al final de la página y no me he quedado con nada. Decido escribir lo que estoy leyendo, a ver si así...
Sentada en la ventana, me fumo un cigarro al sol de la mañana. En nada será mediodía...y yo sigo atascada con el primer parcial... Voy a dar una vuelta para despejarme...
Traigo provisiones, paso de mi muela; chocolate mientras me fumo un cigarro, un vicio.
Hora de comer. Pasta (otra pieza clave de la dieta de los estudiantes). 
Me siento delante del televisor... el orden social de las cosas dicta que se ha de comer viendo las noticias.
Blablablá, blablablá.... Estados Unidos... Oh Dios Mío... 
Cara de incrédula, boca abierta, pelos de punta, voces de fondo como si lo que estuvieran retransmitiendo fuera un partido de fútbol y no un atentado en directo... 
Todos los que están viendo/viviendo esto frente a sus televisiones salen al pasillo, "JODER, QUÉ FUERTE", sin perder de vista la pantallita tintineante y vuelven a entrar para no perderse ni una de las motas de polvo, ni una de las nubes de humo (detrás de las que se esconden 2 gigantes grises que caen) que nos dejan enganchados, absortos, poseídos por la tv... 
En la residencia se para toda actividad, en la calle se para toda actividad; excepto alguna sirena de policía de la comisaría cercana, no se oye nada. 
Sólo el sonido del silencio y la voz de los periodistas, estrellas macabras del día, relatando con incredulidad y estupor cómo el suicidio es la única alternativa a un alma condenada a las llamas en un piso 86 de una capital del mundo.
Ya no me acuerdo del cigarro, ni del chocolate, ni del examen, ni de la muela. 
Estoy sentada en la esquina de mi cama, sola, absorta, absorbida por las ondas electromagnéticas de mi pequeño televisor que está sobre mi pequeña nevera de apartamento. 
Pasan las horas, pero yo no me entero. 
Como yo, miles, millones. No sé.
Oigo movimiento en los pasillos, la gente está bajando a cenar. Parece que estamos saliendo de un letargo. La tele nos ha dejado ir, pero sólo unos momentos. 
Después de cenar a ritmo de "qué fuerte" y especulaciones varias acerca del destino de los americanos y del nuestro propio, cada uno vuelve a su pequeña "celda" de una cárcel de septiembre, y vuelve a llorar con las escalofriantes imágenes de esos puntitos (ahora señalados con una flecha tipo cursor, para que no les perdamos la pista) que van irremediablemente en dirección vertical descendente, probablemente plenamente conscientes de que su llegada a la horizontal será el fin.

Besis 11 años después.

11/9/2012.
Geisha.

Comments (2)

On miércoles, septiembre 12, 2012 , geisha dijo...

Conste que no fumo desde ese entonces... la vida estudiantil, es lo que tiene: alcohol, nicotina y chuches varias.
Besis.

 
On domingo, septiembre 16, 2012 , Cosita dijo...

Yo estaba en la biblio de la resi cuando alguien subió a contárnoslo...se me ponen los pelos de punta aún.