Su vida se reducía a complacer a los demás, y en esa complacencia encontraba el placer. Para ser una simple niña de 6 años, ya tenía todo lo que cualquiera pudiera desear: dinero, status social y una familia que la adoraba.
Todo cambió el día en que el ama de llaves, entre la clase de piano y el cambio de ropa para el té de las 5, en frente del mayordomo, el chófer, la institutriz y la ayuda de cámara, la llevó ante el abogado y albacea de la familia y le dijo: "tus padres han tenido un accidente de avión esta mañana, en la Península de Yucatán. No ha habido supervivientes". Y a pesar de que lo dijo en un perfecto español, ella no entendió nada.

Comments (1)

On jueves, febrero 04, 2010 , Schrogsin dijo...

joder, recuérdame no ir al Yucatán, no quiero dejar a alguien huérfano en este planeta