En los siguientes 12 años, experimentó la existencia del sufrimiento humano, físico y psíquico.
Lo peor no era dormir apenas, el trabajo duro o los desplantes de sus "hermanos", sino la eterna pregunta que taladraba su cabeza como una gota hace con la roca más dura: ¿Por qué?
Y aunque nunca se atrevió a preguntar, la respuesta llegó un día sin más, de la sucia viperina boca de su "hermana" Martina: "por tu culpa ahora tendrán que dividir la herencia de nuevo. No pienso tolerar que me quites lo que me pertenece y por lo que he aguantado tantos años, aunque tenga que acompañar a los viejos hasta que les llegue la hora, no permitiré que toques esta tierra ni nada de lo que ella contenga".
Así que era éso; el nacimiento a escondidas, la rápida adopción, el enviarla al otro lado del mundo, no era porque fuera una bastarda, sino la hija legítima de una familia a la que importaban las apariencias más que el pan de cada día, y que no quería que a sus hijos mayores ("la parejita") se les hiciera de menos por no recibir la herencia adecuada, la estipulada, dividida y ya acordada antes de que Clementina entrase siquiera en los planes de nadie. 
Consternada por el descubrimiento y a sabiendas de que era su familia, la única que le quedaba, siguió con su tarea diaria, con la esperanza de que algún día encontraría a alguien que la quisiera.

Comments (2)

On domingo, febrero 07, 2010 , Schrogsin dijo...

Es un pecado el haberme enterado con esta entrada de que el resto están relacionadas con esta?

 
On lunes, febrero 08, 2010 , geish@ dijo...

lo de los números romanos debería haberte dado una pista...