Abrió los ojos y vio varias caras mirándola. Los cerró.
Cuando volvió a abrirlos reconoció en la penumbra el dosel de su cama. Volvió a dormirse.
No volvería a dormir como aquella noche en muchos años.
La despertó el ruido de motor de coche, decenas de ellos. La ayuda de cámara ya estaba en la habitación para vestirla, aunque tuvo que forcejear con ella a raíz de la elección del color del vestido. Aunque en su consciencia inferior ya empezaba a asimilar que las cosas no iban bien, aún seguía siendo la pequeña heredera caprichosa.
No podía imaginar cuánto iban a cambiar las cosas en las siguientes 16 horas. Si lo hubiera sabido se habría llevado algún recuerdo del mundo que iba a dejar atrás.

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